EL GAS DE ESQUISTO: UN PELIGRO PARA EL AGUA, EL MEDIO AMBIENTE Y LAS GENERACIONES FUTURAS
Por Abbes Hamadene.
El consumo eléctrico en Argelia se produce en casi un 99% mediante centrales térmicas alimentadas con gas natural, y no deja de crecer año tras año.
Este crecimiento está impulsado por una urbanización galopante, el aumento constante del consumo de los hogares y las fábricas, y la climatización de viviendas, edificios administrativos, hospitales…
EL AUMENTO PERMANENTE DEL CONSUMO DE ELECTRICIDAD IMPONE ELECCIONES ESTRATÉGICAS
Este fulgurante aumento del consumo de electricidad reduce considerablemente la capacidad de exportación de gas.
En efecto, cada incremento de la demanda interna reduce inexorablemente las cantidades exportables.
Pese a las inversiones y a las prospecciones en curso, la demanda interna seguirá absorbiendo una parte cada vez mayor de la producción nacional.
Para mantener la opción estratégica de la exportación de gas, resulta imperativo para el poder encontrar otras fuentes energéticas que acompañen la creciente demanda de electricidad.
Esto es tanto más cierto cuanto que la exportación de gas constituye una baza estratégica para el poder, que la utiliza constantemente para obtener el apoyo de ciertas potencias europeas (Alemania, Italia, España, Francia), en particular desde la crisis del gas ligada a la guerra de Rusia contra Ucrania.
Sin embargo, para mantener el nivel de exportación del gas natural y prolongar su estatus de actor importante del mercado internacional del gas, se impone una elección para el poder: la opción saludable, basada en el desarrollo de las energías renovables, o la opción desastrosa del gas de esquisto.
Todavía hay tiempo para actuar y acelerar la puesta en marcha de una estrategia de auténtica transición energética, sobre todo sabiendo que Argelia posee uno de los mayores yacimientos solares del mundo, sin contar el potencial eólico (energía obtenida con la fuerza del viento) o el hidrógeno verde (energía obtenida por electrólisis del agua).
Es evidente que la explotación del gas de esquisto constituye una elección catastrófica y un peligro mayor para el medio ambiente y para la población.
LAS TÉCNICAS CATASTRÓFICAS PARA LA EXPLOTACIÓN DEL GAS DE ESQUISTO
La explotación del gas de esquisto es extremadamente complicada. Se basa en el uso de la técnica de fracturación hidráulica («fracking»), que ha evolucionado muy poco desde su aparición en 1940.
Esta técnica consiste en fracturar la roca de esquisto enterrada bajo tierra inyectando, a alta presión, cantidades fenomenales de agua mezclada con sustancias químicas extremadamente tóxicas.
El agua inyectada en los pozos se mezcla con productos cuya composición química es un secreto comercial (¡algunos estudios hablan de decenas de sustancias químicas!).
Para alcanzar las rocas que contienen gas de esquisto, las perforaciones son muy profundas y abren aún más las fisuras preexistentes. A veces, estas perforaciones atraviesan capas que contienen minerales radiactivos (uranio, radio).
Una vez liberada, la radiactividad siempre acaba subiendo a la superficie, y no se sabe cuánto tiempo tarda en disiparse. En efecto, según su composición, la radiactividad puede tardar horas, meses o miles de millones de años en desaparecer.
Hay que añadir que, al ser los yacimientos generalmente de tamaño muy reducido, las empresas explotadoras se ven obligadas a perforar un número muy elevado de pozos para llegar a extraer cantidades consistentes y rentables desde el punto de vista financiero.
LA PRODUCCIÓN DE GAS DE ESQUISTO, PROHIBIDA EN EUROPA

A principios de la década de 2000, numerosos países europeos se lanzaron a la exploración del gas de esquisto (Polonia, Francia…).
Ante las alertas lanzadas por organizaciones de defensa del medio ambiente y de la salud pública, así como ante las fuertes movilizaciones populares, la mayoría de los países europeos decidieron detener estas exploraciones potencialmente muy arriesgadas.
Incluso el gobierno conservador británico, pese a ser muy favorable al gas de esquisto, decidió detener los trabajos de exploración de este gas a partir del 2 de noviembre de 2019.
Se vio obligado a tomar esta decisión tras el terremoto ocurrido en agosto de 2019 cerca de Blackpool, en Lancashire (noroeste de Inglaterra). Ese seísmo fue consecuencia directa de los trabajos de exploración del gas de esquisto.
Estados Unidos es casi el único país del mundo que ha tomado la vía del gas de esquisto, pese a varios informes de organizaciones independientes que llevan años alertando sobre las consecuencias extremadamente nefastas de la explotación del gas de esquisto en Estados Unidos, particularmente en ciertos estados: Pensilvania, Texas y Luisiana.
El coste en los planos ambiental, social y sanitario es más que alarmante: destrucciones masivas de paisajes, contaminación de las aguas, proliferación de plantas invasoras, emisión peligrosa de metano y otros gases tóxicos de efecto invernadero, seísmos repetidos, huida de los habitantes cercanos a las explotaciones…
Nada de esto resulta sorprendente si se sabe que los dirigentes políticos estadounidenses sitúan tradicionalmente la rentabilidad financiera a corto plazo en el centro de sus prioridades: business is business.
EL GAS DE ESQUISTO EN ARGELIA: UN PROYECTO DE BUTEFLIKA SUSPENDIDO GRACIAS A LA MOVILIZACIÓN POPULAR
La tentación del poder argelino de volcarse hacia la producción de gas de esquisto reaparece de forma recurrente desde el 21 de mayo de 2014, cuando Buteflika dio luz verde para lanzar la exploración y explotación del gas de esquisto.
La ley n.º 19-13 sobre hidrocarburos, en vigor desde el 22 de diciembre de 2019, renovó la inclusión de la explotación del gas de esquisto, ya presente en una ley anterior.
El nuevo poder encarnado por Tebboune ha mostrado así su voluntad de continuar el proyecto iniciado por Buteflika.
Es necesario recordar que ya desde marzo de 2019 se estaban ultimando contratos con la francesa Total y la estadounidense Exxon Mobil en el ámbito del gas de esquisto.
Estos proyectos se retrasaron gracias a la movilización de la población y, en particular, a la valerosa resistencia de los habitantes de In Salah, antes de que el Hirak viniera a comprometerlos por un período indefinido.
Sin embargo, no cabe excluir en absoluto que la tentación del gas de esquisto siga intacta en el seno de ciertos círculos del poder.
Es evidente que, para ellos, la explotación del gas de esquisto puede abrir nuevas perspectivas para nuevas y prometedoras operaciones de desvío de dinero.
Según varios estudios recientes, Argelia poseería la tercera mayor reserva mundial de gas de esquisto, por detrás de China y Argentina.
Semejante situación sigue avivando el apetito de las mayores potencias imperialistas y sus multinacionales de hidrocarburos (ExxonMobil, Chevron y Eni, Total…).
La ecuación sigue siendo siempre la misma: las grandes potencias depredadoras dilapidan las riquezas del país y, a cambio, brindan apoyo al poder y contribuyen al montaje y puesta en marcha de redes de corrupción para facilitar las operaciones de desvío del dinero del pueblo.
Las argelinas y los argelinos saben que la extracción del gas de esquisto puede generar riesgos serios para la salud de los habitantes y situaciones graves e irreversibles para el medio ambiente, y en particular para el acuífero del Albiense (el 70% del cual se encuentra en territorio argelino).
Este acuífero es la mayor reserva de agua dulce del mundo; constituye un tesoro inestimable para las generaciones futuras y puede convertirse en un motor para el desarrollo del país.
